¿Cómo se conectan los universos de David Lynch y Leila Guerreiro? La delgada línea entre la ficción y la crónica.

Cuando la ficción y lo verídico se integran, cuando lo metafísico abraza las vertientes de la lógica, y viceversa, los artistas escriben y crean universos como estos. Twin Peaks , esa ciudad rural que recuerda mucho a La Patagonia descrita por Leila Guerriero en su crónica sobre Los suicidas del fin del mundo , son la representación de cómo hemos alterado la realidad, mezclada y perdida la noción para diferenciar los hechos, para distinguir los artefactos narrativos que usan los contadores de historias, los periodistas, los cineastas, los escritores. Bien lo explicó Agnès Varda aquella vez que buscaron separar su cine del resto por no tener un lenguaje concreto, sino pasearse por distintos géneros: “Yo no hago documental o ficción, son películas y punto”, cerró de forma agresiva pero certera. Al tratar de hacer una especie de taxonomía artística, el arte pierde un poco su pureza, condicionándose a la pertenencia de una casilla, ocupando un único lugar en la mesa, dirigido a un solo tipo de comensal y expuesto en una única sala de mercado. Las propuestas por nombrar actúan en contradicción porque llevan a un ocultamiento tácito, casi que una censura sin querer queriendo, alejando el misterio y la emoción endógena que debería tener toda obra.

La casualidad y el destino hicieron que por la misma semana que miraba la serie Twin Peaks , empezara la lectura del libro Los suicidas del fin del mundo . Por un lado tenemos al trascendental director de cine David Lynch, por otro a la periodista literaria Leila Guerriero. No había pensado en conectar ambas historias, hasta que leí el siguiente fragmento en la página 26: “Que en este pueblo pasan cosas raras. Es todo por culpa de los indios enterrados que andan por ahí. Hay muchos indios enterrados por acá”, palabras que podrían haber sido parte del guion de Lynch. ¿Qué comparten ambos relatos? Para empezar, el continente. Aunque se encuentren en ambas puntas, uno terminando el sur de América y el otro cerrando el Norte, hay un pasado imposible de ocultar, unos muertos que salen del vientre de la tierra como rememoración de su existencia, unas creencias en lo espiritual que heredamos de ellos mismos, y el aprendizaje a través de los mitos. Lo que da respuesta es el cómo nos asustamos aún (en medio de tanto escepticismo posmoderno) por los gritos de una mujer que mató a sus hijos y deambula por las noches en pena, que llamaban Llorona, o El Guando, una leyenda colombiana que describe el cortejo fúnebre, asociado a un difunto que no recibió un entierro adecuado por su avaricia en vida; son historias que nos contamos un poco como evasión de la realidad, para sobresalir de la carga, para asociar las acciones increíbles por su maldad a fuerzas externas que no están a nuestro alcance y solo se pueden contrarrestar con otras divinas, como la panacea religiosa que busca encontrar salvación a través de sus doctrinas.
Los que perdieron a sus seres queridos por suicidio en la Patagonia terminaron por aceptar la historia de una secta e interpretaron que la respuesta era la agrupación religiosa. En Twin Peaks , la ambición y presunta santidad de sus habitantes les hizo creer que el mal se desarrollaba en las montañas que en alguna época fueron hábitat de los nativos indígenas, negándose a aceptar que el origen no viene de otro lado sino de ellos mismos. La serie está disponible en Mubi , el libro en casi cualquier librería, ambos marcados por la buena técnica de sus autores, la versatilidad narrativa y esa calidad de los genios que no se puede descifrar, exponer o desmenuzar en un escrito, porque caeríamos en la imprecisión absoluta.
Escrito por: Santiago López
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